Indicadores sobre Chicas A1 que debe saber

En el proceso que analizamos se articulan prácticas sociales de construcción desigual de sentidos y marcaje (estigmatización) y de limitación (discriminación). El estigma es un determinado peculiaridad físico, comportamental y/o identitario de un individuo, que lo marca y lo desvaloriza socialmente (Goffman, 2001). Una persona estigmatizada es considerada socialmente como inferior, despreciable o peligrosa, se cuestiona su dignidad personal y/o se avasallan parcial o totalmente sus derechos. La discriminación consiste en la exclusión social legitimada: se cimiento en un patrón que naturaliza una identidad social suturándola en torno de rasgos particulares, a los que se les adscriben como indisociables características negativas (Belvedere, 2002: 35). La discriminación puede ser ejercida directa o indirectamente: su ejercicio directo implica una aspecto o norma que apunta claramente a alguna categoría de actos o personas (por ejemplo, no dejar entrar a una persona a un comercio por su color de piel), mientras que el prueba indirecto supone una norma o posición de apariencia universal que posee posesiones discriminatorios sufridos exclusivamente por una categoría de actos o personas (por ejemplo, una índole que permite el enlace sólo entre dos personas de diferente sexo y que, por lo tanto, se lo impide a las parejas homosexuales).

Una persona con voz muy afeminada no me provoca conocerlo, una persona que tiene actividades todavía en una camino muy afeminada siquiera. Las palabras de Damián pueden ser interpretadas simplemente como la manifestación de sus gustos personales y, a su oportunidad, pueden ser problematizadas como una expresión de ciertos Títulos aprehendidos en la socialización, en este caso, como una cristalización de Títulos heterosexistas. Fuller (2001) sostiene que “toda interpretación de masculinidad que no se corresponda con la dominante sería equivalente a una manera precaria de ser hombre, que puede ser sometida a dominio por aquellos que ostentan la calidad plena de hombres”. Por otro lado, lo femenino se contrasta con lo masculino y el varón que no cumple con las exigen- signiFicaciones y usos Del esPacio supuesto... 89 cias del mundo de los varones comienza a ser marginado y tratado como inferior, como mujer. Como afirma la autora, la feminización es un potente procedimiento discursivo que simboliza la pérdida de masculinidad y que fuerza a los varones a mantenerse dentro de los límites adjudicados a la identidad masculina.

5 Al tiempo de mi investigación, el servicio de testeo de VIH de Nexo A. C. Cuadro reconocido como el “único sitio de vigilancia epidemiológica para la comunidad puto en la Argentina” (Agrupación Nexo, 2004). 262 horacio FeDerico sívori de 2000 encuestas sobre sida y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), que incluían la variable “identidad sexual”, especificando alternativas como “mariquita”, “bisexual”, “travesti”, “heterosexual” y reservando en sus cuestionarios un casillero para quien se declarara “inseguro”. La pertenencia institucional, tanto de profesionales médicos y psicólogos y de otras disciplinas dedicados al sida, como de activistas y voluntarios de organizaciones, es a menudo mixta, participando de más de un ámbito y tipo de formación y incluso migrando, por ejemplo, entre diferentes ONG, entes del Estado y organismos internacionales, de modo que el renta social que van acumulando se ve sometido a disputas entre actores de diferentes esferas. Los patrones de segmentación de ámbitos como el movimiento GLTTB, el de la atención en Vitalidad de una ciudad o región o el de las ONG-sida, requieren de los individuos una conducta de compromiso exclusivo con su institución, Nasa o linaje político-institucional de pertenencia, en campos a menudo polarizados por disputas hegemónicas. Por lo tanto, los miembros de organizaciones, grupos activistas y de servicios públicos y privados se encuentran a menudo en situaciones en que deben redefinir sus adscripciones e incluso los principios en función de los cuales operan, produciendo iniciativas y respuestas cuya racionalidad puede entrar en conflicto con trayectorias anteriores.

La humanidad siempre entendió al desposorio como lo que aparece naturalmente: la unión de un hombre y una mujer. […] Las normas reconocieron un dato de la existencia, no lo crearon (Despacho en minoría de Enríquez, p.402. El énfasis es agregado). No es el “fin procreativo” una característica que pueda presentarse o no en cada casamiento de acuerdo a las posibilidades y deseos de la pareja, sino que la misma idea de procreación forma parte de la definición de la noción de matrimonio: su función principal es “la transmisión de la vida” (López de Castro, p.470). En esta itinerario, no solamente todos los matrimonios heterosexuales deberían tener hijos para ser considerados como tales, sino que Encima el simple hecho de tener un hijo en global bastaría para considerar a dos personas unidas en boda. Pero lo más importante es que desde este discurso el boda y la grupo fueron “siempre luego-ayer de la calidad” el nombre que describe unas determinadas prácticas. El enlace es asociado a la reproducción lazos en torno a la unión civil... 159 de la vida humana. Desde este discurso, esta asociación se sustrae de los conflictos por la nominación (“¿a qué llamamos matrimonio?

Manuel (27 primaveras) tiene temor a la hora de intentar seducir a otros hombres en la calle, con lo cual el chat le da la oportunidad de contactarse de una forma no física, sino más correctamente desde lo verbal:

2 3 4 Para un análisis cuantitativo de las prácticas de discriminación y violencia hacia gays, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales e intersexuales en Argentina pueden encontrarse los resultados de las encuestas realizadas en la Marcha del Orgullo en 2004 y 2005 (Figari et al., 2005: 22-25; Jones et al., 2006: 27-40). Trelew tiene más o menos de cien mil habitantes y se encuentra a 1500 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el noreste de la patagónica provincia del Chubut. Cuando hablamos de Trelew en términos relativos, el equivalenteámetro es la Ciudad de Buenos Aires, referente de comparación utilizado por estas y estos adolescentes en las entrevistas. Para analizar estos fenómenos muchas veces se usa el concepto de homofobia, entendida como el “odio a las cualidades femeninas en el hombre, […] un mecanismo psíquico de defensa; una estrategia para no tener que confesar una parte inaceptable de sí mismo” (Badinter, 1994: 192-196). Aquí no lo utilizamos porque sus connotaciones psicológicas no concuerdan con el enfoque sociológico que adoptamos. 50 Daniel Jones fingir), que actúa como un memorial de protección (Goffman, 2001). Por otro flanco, en principio la homosexualidad no es compartida por el núcleo de socialización primaria, lo que diferencia a los homosexuales de los miembros de otras categoríVencedor discriminadas (religiosas, étnicas, nacionales) que forman grupos sociales: un adolescente que va descubriendo su deseo hacia personas de su mismo sexo difícilmente encuentre apoyo en su núcleo familiar y, por el contrario, suele temer un rechazo de ese entorno primario (Pecheny, 2002: 127-128). En cuanto al contexto, las y los entrevistados comparan el día a día de un adolescente puto en esta ciudad y cómo se imaginan que sería en Buenos Aires, y concluyen que es más difícil sobrellevar el hecho de ser maricón en un contexto urbano último como el de Trelew. ¿Qué particularidades locales influirían en las prácticas de estigmatización y discriminación? Primero, la articulación entre una veterano homogeneidad cultural y una mentalidad más conservadora, según sus testimonios, torna a una persona maricón un “bicho raro”.

En este artículo analizamos las dinámicas del proceso de estigmatización y discriminación en torno a varones homosexuales adolescentes que viven en la ciudad de Trelew (Chubut). Partimos de 46 entrevistas a varones y mujeres de entre 15 y 19 abriles, escolarizados y de clase media: sólo dos varones (Fredy y Nono) manifestaron ser gays1, mientras que las y los restantes jóvenes dieron a entender que eran heterosexuales.

Pero, de todas maneras, es cierto, que muchas veces el cuestionamiento era: “Bueno, ¿pero en qué sentido eso es político?” […] Sí, asimismo un poco de cuestionamiento, sobre todo porque: “Bueno, OK, está bien y además de todo te habíTriunfador hecho gay, pero, ¿qué falta? O sea, ¿por qué esa falta de exigir, eh, o de reivindicarte? ¿Cómo? Si nosotros, como heterosexuales, no nos reivindicamos”. ¿No? (Manuel, Click aqui provocador bisexual, Área de Estudios Queer). Una de las consecuencias de la asociación de lo sabido y lo universal con la heterosexualidad es que ésta “raramente es reconocida como una sexualidad; como una categoría sexual o una identificación” (Richardson, 2000: 32). Los grupos sociales privilegiados universalizan su experiencia y no articulan sus demandas en tanto grupo sino que recurren al ideal de imparcialidad según el cual una persona puede adoptar el punto de presencia de todas (Young, 1990: 105). Eso explica las causas por las que las y los heterosexuales no se reivindican como tales y alega asimismo a aquellos y aquellas que preguntan cada año por qué no existe un Día Internacional del Hombre.

Tal como anticipara en el inicio de este trabajo, considero necesario el análisis de los discursos opositores. En primer término porque, Vencedorí como los contextos de los que emergen y en cuales se inscriben, estos discursos no son estáticos y muchas veces se sirven de la reconversión de argumentos del discurso antagónico.

No está concentrado en la joven travesti que está penetrando, parece que sólo en el movimiento. Se acerca alguien, él lo mira y con la chapa de cerveza lo claridad: “¡Ey! ¿Querés vos asimismo?”. El muchacho se acerca más, lo vuelve a mirar, le señala la travesti en cuatro patas y le dice nuevamente: “Vamos, dale, dale, vos incluso querés, dale, vos asimismo”. Los comportamientos sexuales que denomino “cómplices” aparecen muy a menudo en experiencias donde hay circulación de varios heteros conocidos o no. Parafraseando a Freud, quizás la complicidad debería ser leída como el comportamiento de “horda”. En el caso de intercursos sexuales con otros hombres, o aceptablemente refriegan sus penes (“lucha de espadas”) o acertadamente se hacen “chupar”. En algún caso pueden incluso penetrar a otro hombre. Muchas de las veces se inclinan por juegos eróticos con travestis. No obstante, hay ciertas reglas en el entrada a las travestis, tan- heterosexualiDaDes Masculinas Flexibles 105 to en el acercamiento como en el placer amoroso, en Militar planteadas por ellas mismas. Generalmente, en los casos de los comportamientos eróticos grupales entre hombres heteros hay una propensión a la complicidad, tal vez más marcada que la misma situación entre gays. Por otra parte, ambos grupos, heteros y gays, aunque se encuentren distribuidos irregularmente se reconocen y no se mezclan, ni siquiera se rozan. En este último caso, igualmente funciona el comportamiento solidario, o admisiblemente la reafirmación de cierto dominio del Asociación o complicidad en el acto amatorio. En estos contextos de coincidencia grupal es muy recurrente entre heteros la invitación a compartir una boca o un ano como centro de su placer sexual. Crossdressing

3 4 La expresión nickname en inglés se traduce al castellano como apodo o sobrenombre. En el chat, cada individuo de los usuarios elige con qué apodo o nick presentarse en presencia de la otra persona. El término “soliviantar” hace relato a los intentos para seducir a otra u otras personas, por ejemplo, acercándose y/o hablándoles. El entrevistado cuando habla de “Naciente” hace relato al mundo físico, pero todavía podría utilizarse el término para el mundo posible. signiFicaciones y usos Del esPacio potencial... 81 cerciorarse continuamente la certeza de la información brindada por el otro, poniendo al interlocutor bajo la lupa en diferentes instancias, las cuales en este artículo se denominarán “filtros”.

5 Los criterios para este agrupamiento de prácticas son: 1) quién es o debe ser el “sabido” del marcaje (es opinar, quiénes la escuchan y/o ven); 2) si hay copresencia de la persona marcada y de quien ejerce esta práctica; y 3) en qué tipo de escenarios suceden estas prácticas. Para comprender las distinciones que hacen las y los entrevistados nos resultó útil considerar el eje divulgado y íntimo, secreto, individual, reservado, personal,, no como dos compartimentos separados sino más perfectamente como una gradación que puede predicarse de diferentes espacios. 52 Daniel Jones a) b) c) d) e) f) detección; tolerancia; chistes, burlas, risas y comentarios; miradas, señalamientos y cargadas; insultos gritados; y agresiones físicas. El orden de estas dinámicas está hexaedro por su creciente cargo de violencia simbólica y física, aunque no implica que éstas sucedan necesariamente de modo secuencial en el orden presentado, ni que cada actor haya participado de todas ellas. Nuestro propósito es ofrecer un marco para sistematizar e interpretar los procesos de estigmatización y discriminación. Detección El primer paso de la estigmatización consiste en detectar al poseedor del carácter desvalorizado. Luego desde la sospecha de quién puede ser homosexual6 comienzan a construirse sentidos desiguales a través de etiquetas con connotaciones peyorativas, entre las que “puto”, “trolo” o “maricón” son las más frecuentes. Como señala Belvedere (2002: 60), en el idioma discriminatorio “no es tanto que haya una verdad previa por develar sino que el mismo discurso que refiere al discriminado lo constituye como tal”. Según los entrevistados, los varones homosexuales “precisan” ser Visitanos detectados “porque son conveniente parecidos a nosotros, nada más que les gustan Visitanos los hombres”, dice el Chueco.

En la virtualidad, estos jóvenes encuentran un espacio que les permite vincularse con pares para pactar relaciones sexuales, para conocer un mundo gay que todavía no exploraron o para compartir charlas en las cuales puedan conversar acerca de temáticas que, según los entrevistados, sólo un similar podría entender a fondo. Vínculos: entre la tensión, la negociación y la expectativa

El cumplimiento de años invita a balances. Y la lapso que va de 1994 a 2004 es significativa en relación con los debates en torno de derechos reproductivos y sexuales, y particularmente el aborto. El período señalado comienza con las conferencias de Naciones Unidas de El Cairo en 1994 y Beijing en 1995, que van a funcionar como bisagra en el pasaje de la consideración de las mujeres como variables de políticas de población a sujetas de derecho1.

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